La venganza de montecristo

Los pecados del padre, los pagaran los hijos hasta siete generaciones“.

Esta es la frase extraída de la biblia que el Conde utiliza para excusar su  venganza, la cual no solo va dirigida a los que le causaron penas; también a sus familias. Cosa que me parece realmente cruel y que al final del libro se voltea en su contra hiriendo precisamente a quienes él aprecia y quiere proteger.

El poder que da el dinero, permite que los seres humanos lleguemos a pensar que somos como dios, eso se ve constantemente cuando hombres en medio de su arrogancia se creen superiores tan solo porque el mismos Dios les has dado ciertos privilegios; ignorando que estos también se les han dado con una gran responsabilidad. No es malo ser rico, lo realmente malo es que teniendo los medios para hacer mucho bien, este no se haga o peor aun, se utilicen para el mal.

El conde trato de ser un dios todo poderoso, trato de castigar el mal y de hacer el bien a quien el consideraba que se lo merecía. Incluía en su venganza la familia de sus enemigos, personajes que consideraba tan malvados como sus padres. Error mayúsculo pues de un padre malo puede salir un hijo bueno, es el caso de la pobre Valentina que estuvo a punto de morir.

La venganza contra Villefort, fue para mi la mas cruel; puedo entenderlo porque el fue el mayor causante de las penas del conde, que por su ambición, tomo la decisión de eliminar cualquier huella de la traición política de  su padre. Era un hombre ambicioso pero a mi parecer no era malvado, era  demasiado cuadriculado para serlo. Una de esas personas que siguen a las reglas solo cuando, seguirlas no requiere ningún tipo de sacrificio propio, pero cuando  afecta a sus intereses se justifica en los fines que quiere conseguir, que siempre suelen ser nobles. Villefort pierde todo ser amado y se queda solo, enloquecido de dolor, la muerte arrasó con los habitantes de su casa, que pena tan cruel le es impuesta por sus crímenes.

En cuanto, a Gaspard Caderousse, ese personaje que lo sabia todo pero no se opuso, ese ser que envidiaba la suerte del joven Edmundo, es para mi el mas despreciable,  desde todo punto de vista, su historia a través de la novela, es la de un hombre guiado por la ambición, la envidia y la traición, es como esos seres solapados que te muestran una cara amable mientras acarician el cuchillo tras su espalda. En palabras del Conde:

Escucha por ti ese Dios que rehúsas reconocer en tus últimos momentos. Te había dado salud, fuerzas y ocupación, amigos, y en fin, la vida se lo presentaba tal cual puede desearla el hombre cuya conciencia está tranquila. En lugar de aprovechar estos dones que el Señor rara vez concede con toda su plenitud, he aquí lo que has hecho. Te has entregado a la pereza, a la borrachera y has vendido a uno de tus mejores amigos…

–Óyeme bien –continuó el abate–. Cuando vendiste a tu amigo, empezó Dios, no por castigarte, sino por advertirte. Caíste en la miseria y tuviste hambre, pasaste la mitad de tu vida codiciando lo que hubieras podido adquirir, y ya pensabas en el crimen, dándote a ti mismo la disculpa de la necesidad, cuando Dios obró un milagro, cuando Dios te envió por mi mano, cuando más miserable estabas, una fortuna inmensa para ti, que nada habías poseído. Pero esta fortuna inesperada e inaudita te parece insuficiente desde el momento en que empiezas a poseerla. Quieres doblarla. ¿Y por qué medio? Por el del asesinato. La doblas, pero Dios te la arranca, conduciéndote ante la justicia humana…

Pero por tercera vez, miserable, te pones a tentar a Dios. No tengo bastante –dijiste–, cuando nunca habías poseído tanto, y cometes otro crimen sin motivo, y que no tiene disculpa. Dios se ha cansado. Dios te ha castigado…

La venganza contra Fernando Montego, se me hizo justa, aunque en esta historia tengo algo que anotar. Alberto y Mercedez me parecieron francamente egoístas, no me gusto su actitud de jueces ante un padre y esposo que siempre fue afectuoso y buen proveedor para su hogar.  A ella la tuvo como reina, al hijo como príncipe, mientras él fue rico y respetable estuvieron a su lado pero cuando todo cambio lo abandonaron.

Me alegró mucho que el Conde de Montecristo no volviera con Mercedez, ella simplemente no se lo merecía. En su ultima conversación quedo claro que él ya no la amaba y a ella lo único que le importaba era su hijo, su cargo de conciencia por la muerte de su esposo y el remordimiento de no haber esperado a Edmundo, Aunque honestamente creo que ninguna mujer en el caso de Mercedez hubiese esperado 14 años,  sin saber si su amado estaba vivo o no. Si eso esperaba Edmundo creo que seguía siendo ingenuo,  injusto, hasta un poco egoísta pues en aquella época el hecho de ser mujer le obligaba a depender de la protección de un hombre, que mejor si este la amaba como Fernando.

En cuanto al Barón Danglars aplaudo la inteligencia con que fue llevado a la ruina. Su familia no era la mas bonita de la historia que se diga; creo que a su esposa y a su hija les fue bien, su hija obtuvo la libertad que anhelaba y la esposa no se quedo en la ruina, como sí, le paso a Mercedez. Los movimientos financieros que se hicieron a  lo largo de la novela fueron tomados como prueba de la brillantez y conocimientos que de la economía de su época poseían los escritores de la historia.

Bueno con esto termino la serie de post que sobre el Conde quería escribir. Los invito a que se la lean, no se asusten por lo grande del libro, pues les aseguro que no tiene parte mala.

 

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