El conde de montecristo

Considerada el mejor trabajo de Alejando Dumas padre, es una novela en 3 tomos escrita en tercera persona, desde la óptica de los  diferentes personajes principales. Trata sobre un joven llamado Edmundo Dantes, quien es acusado injustamente de traición al Rey.

Se puede decir que el viaje de Edmundo Dantes es un viaje hacia la sabiduría, empieza siendo un muchacho ingenuo, transparente e inteligente, después cae al infierno siendo despojado de todo, su familia, su dignidad, hasta de su deseo de sobrevivir pero en el momento de mayor desesperación y tristeza encuentra una luz un ser que se convierte en su guía; el Abate Faria, su maestro, el hombre que le inyecta conocimiento y esperanza.

Su  guia muere cuando ya no es necesario y se convierte en su libertad. Despues empieza su viaje hacia la venganza, busca ser un dios Justiciero, pretende castigar a los malos y ayudar a los buenos pero tan solo es un desencadenador de eventos que terminan saliendo de sus manos.

El mismo lo reconoce:

–Miro mal lo pasado –dijo–, y no puedo haberme engañado así. ¡Cómo! –continuó–, ¡el objeto que me había propuesto sería un objeto insensato! ¡Cómo!, ¡habría andado un camino equivocado por espacio de diez años! ¡Cómo!, ¡una hora bastaría para probar al arquitecto que la obra de todas sus esperanzas era, si no imposible, al menos sacrílega!

El dolor que le causa ver su obra culminada es grande, pero es la lección que le hace falta, es el momento de apreciar que fue bendecido, que debió mirar hacia el futuro, porque si bien sus enemigos le quitaron 14 anos, el les dedico otros diez, tiempo perdido en el odio.

Sólo el que ha experimentado el colmo del infortunio puede sentir la felicidad suprema. Es preciso haber querido morir, amigo mío, para saber cuán buena y hermosa es la vida.

A su vez, este pobre desdichado se convierte en guía y protector de Maximiliano y Valentina. La sabiduría debe ser transmitida, esa es la razón de la anterior frase dirigida a estos últimos, en su ultima carta.

¡Confiar y esperar!“. Es la máxima, al final de tan larga historia, confiarle a Dios todos nuestras penas, solo él puede consolarnos y su justicia es perfecta. Siempre hay un mañana, no hay que desesperar.

 

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